
Mi querida enemiga, mi falsa muñequita de porcelana… hoy, han pasado 8 años de haberte conocido. Increíblemente, ahora siento algo que es muy difícil de explicar, pero que es maravilloso decirte ahora, que he aprendido a quererte odiándote.
Recuerdo que sin haber cruzado una palabra alguna vez, me desafiaste con la mirada. Sin darle importancia a tu acción, me di la vuelta, pero me dio curiosidad de saber quién eras. Entre tantas personas que estaban conmigo, resultabas ser la más popular. Sin embargo yo no sabía de tu existencia. Me imaginé que algún día tendríamos la oportunidad de conocernos, pero ese momento nunca llegó. Nuestra rivalidad se hizo famosa y más grande a la vez. Cada día que pasaba notaba que estabas ahí físicamente, es más, podías estar a mi lado y yo no sentía tu presencia, pues me daba igual saber de ti que tú de mí.
Tú sabes que hemos pasado muchos momentos difíciles, y pienso que fue un desperdicio de tiempo dejar que el rencor y el orgullo reinaran entre nosotras. Sé que más de alguna vez tú y yo deseábamos sentarnos a platicar. Por otra parte es un deseo que en mí continúa, ahora tengo tantas cosas que quisiera comentarte y ya no puedo, porque te has marchado a otro país.
A pesar de todo, puedo decirte que marcaste mi vida, porque me traicionaste de la peor manera, sin ni siquiera ser mi amiga. Concluí que gracias a esa traición, yo me di cuenta que te quería, porque me dolió lo que me hiciste.
A pesar de todo, puedo decirte que marcaste mi vida, porque me traicionaste de la peor manera, sin ni siquiera ser mi amiga. Concluí que gracias a esa traición, yo me di cuenta que te quería, porque me dolió lo que me hiciste.
Aún acabando de pasar por la misma situación, me elegiste a mí, tu mejor enemiga. Para vengarte. Teníamos claro que la culpa era de las dos. Nos odiamos sin ninguna razón, nos hicimos daño sin motivo alguno, y lo más irónico es que le encontré un extraño cariño a nuestro odio, y éramos felices así. Teniendo esos sentimientos hacia la otra. Por cosas de la vida, llegó el momento que jamás me espere… pude darte un abrazo. Lo viví tanto porque sabía que nunca más se repetiría, fue el abrazo más sincero y lleno de amor que pude haberle dado a la persona que más odio. Un odio que en ese momento no tenía ningún significado para mí.
Finalmente estamos a miles de kilómetros de distancia, y seguimos sin saber quienes somos. Te agradezco porque me enseñaste que odiando también se puede querer, sigues siendo esa enemiga de siempre y estoy feliz de que lo seamos porque de no haber sido así, no hubiera experimentado el significado de que difícilmente amando a tus enemigos, amas verdaderamente con el corazón.


