miércoles, 30 de junio de 2010

CON EL TIEMPO LO PERDÍ


Mi tan raro amigo Archibaldo, todavía recuerdo cuando me llevaron con él. Fui su regalo cuando cumplió su primer añito, era extraño que un niño pidiera un puerquito como obsequio, ahí comencé a notar que era especial. Yo, Astor, era un cerdito muy gordo y unos meses menor que Archibaldo. Hemos crecido juntos, lo he acompañado en momentos muy difíciles, donde su dolor ha traspasado este corazón de animal y lloramos juntos. Uno de esos momentos cambió mi vida, lo tengo tan presente como él, que ha sido el más afectado, aunque mentiría al decirles que yo no me veo afectado también.
Es duro decirlo, pero es la realidad. Fue tan solo un hecho de su pasado que hizo de aquel muchacho alto, sonriente, alegre y dinámico, que su mundo se volviera negro .Sin saber que sucedió día con día su humor cambiaba y su carácter empeoraba, el pasado lo convirtió en un ogro, sus ojos nunca volvieron a tener el brillo que los caracterizaba, ahora eran verde opaco como un pantano y se escondían bajo unas cejas gruesas.
— ¡Maldita bailarina! , gritaba Archi, vete ya de aquí, no me sigas más… no me sigas más, y comenzaba a llorar. Algo ha sucedido con él, se había vuelto loco, un ogro loco. Me daba la impresión que la bailarina se hacía presente en todo momento, cuando cocinaba , en sus sueños , cuando no hacía nada y hasta cuando veía sus partidos de boxeo , la chica que mostraba el número del ‘’round’’ era esa bailarina.
Su locura iba creciendo, sus amigos y vecinos lo abandonaron por la actitud. Los días felices se acabaron. Por otro lado, sus padres estaban muertos para él, vivieron bajo el mismo techo, compartían la misma mesa, y lo más importante, nunca le dieron cariño ni se preocuparon por ayudarlo cuando más lo necesitaba. La falta de amor lo convirtió en una máquina de enojos e intolerancia a la vida. La luz era su obscuridad.
Cortaba todo lo que tenía a su camino, destruía lo que se le ponía en frente, gritaba desconsoladamente, y yo con mucho dolor… solo miraba.
Pero él tenía una característica muy especial para calmar su enojo, comía docenas de chocolates y tomaba litros de horchata, que a mi criterio lo volvían más hiperactivo y loco. Sus ojos, como carrusel daban vuelta en el mismo lugar, se reía incontrolablemente por nada y devoraba cada chocolate como si fuese el ultimo en la tierra .
Así han transcurrido muchos años ya, y su situación no creo que mejore nunca. De esa manera, viéndolo morir en vida, recuerdo cómo aquella tarde Archi llegó llorando a casa, tiró su mochilita y me abrazó. Yo quería hacer algo pero no podía. Me sentía impotente por ser un animal, quería gritar, poder hablar solo por un momento y decirle lo que él deseaba escuchar para sentirse mejor, pero era imposible. Dejó que aquel acontecimiento arruinara su vida y la mía también, porque no solo perdí a mi dueño sino a mi mejor amigo, que ahora desde la ventana veo cómo esa bailarina no solo se adueñó de su mente sino de su vida.




No hay comentarios:

Publicar un comentario