Misterioso caminaba sobre la zona de bares y discotecas, viendo a todo lugar y a todas partes como si estuviera perdido, fijándose en todo lo que se le ponía enfrente y en cada persona que pasaba al lado de él.
De pies a cabeza, un hombre con acento colombiano, de piel blanca, con ojos verdes que cubría con unas gafas que combinaban con la corbata negra y con un traje elegante aparentando ser un importante ejecutivo. Llevaba un portafolio negro de tamaño mediano muy pesado, con el que cualquiera imaginaria que lleva sus documentos de trabajo, pero este hombre cargaba con el peso de la cocaína.
La clave de entrega paseaba por su cabeza, le costaba mucho recordarla pues era complicada y solo la persona que lo recibiría lo podría completar. El sabía que era la única manera de asegurar que la entrega fuera segura y disimulada, tocando una canción con el sonido de las teclas del sistema de seguridad de la entrada al bar, y no dar color al intercambio del futuro por el presente.
Se dirigía a la discoteca donde hace tres días el pedido había incrementado por la alta demanda de los jóvenes que la consumían. Noche con noche en es lugar donde entras consiente con la idea de solo ir a bailar, quizá tomar y conocer a otras personas, pero que sales olvidando hasta como te llamas y qué es lo que sucedió para que tu noche diera un cambio de 180 grados.
El hombre bajo sus lentes, para asegurar que nadie lo viera, entra por la puerta trasera del bar, luego se cruza la calle y se detiene frente al cajoncito de las claves para ingresar, había códigos que lo mareaban y eso hacía que se pusiera más nervioso y desesperado por querer entrar y hacer el negocio rápido. Apresurado acelera el paso y logra entrar diciendo misión cumplida, llevaba en su portafolio una venta por más de un millón y medio de dólares, quitándose los lentes y es saco colocó la mercancía en una mesa cualquiera, pues el lugar estaba cerrado porque era de día. Se acercó donde el bar ténder y pidió que buscara a su jefe, y que le dijera que había llegado el éxito de su negocio, y se fue a sentar.
Minutos más tarde se acerca un señor, se sienta y agradece que le haya hecho favor tan grande, pidiéndole que sacara el producto. Inmediatamente terminó de desempacar pidió el dinero, pero antes el dueño le dijo: — permítame presentarme, soy Ricardo Cardona jefe de la policía, mucho gusto usted queda arrestado por venta de droga ilegal a discotecas y bares donde menores de edad tiene el acceso de entrar y consumirla. —
Anonadado el hombre solo gritó, ¡malditos contrabandistas! me engañaron y salvaron sus vidas, era una trampa… Muy molesto le colocaron las esposas junto con los otros policías que estaban detrás de la barra y se lo llevaron. Tanto esfuerzo y tanto misterio lo llevó a perder su vida en una cárcel, delatando a sus otros compañeros que lo abandonaron y lo dejaron solo en esa misión. Llorando, solo pensaba en lo que hubiera podido hacer con el dinero que obtuviera de ese negocio.
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